Pasomuerto es el tipo de lugar que no aparece en los mapas oficiales de ninguna nación, no porque sea desconocido, sino porque ninguna nación ha tenido jamás el interés ni la capacidad de reclamarlo. Es una región de páramos polvorientos, cañones rojizos, pueblos de madera y adobe levantados con lo que había a mano, y horizontes interminables que parecen diseñados para recordarle a quien los mira que está completamente solo. Y sin embargo, Pasomuerto está lleno de gente.
La ley, en el sentido que otras regiones de Vaelthar reconocerían, no existe aquí de forma centralizada. Cada pueblo es un mundo aparte. Algunos están gobernados por alguna figura local con suficiente carisma o poder para mantener un orden mínimo. Otros son protegidos por unidades de justicia independientes, grupos de alguaciles que responden más a un código personal que a cualquier institución formal. Y otros simplemente no tienen a nadie, solo la voluntad colectiva de sus habitantes y la amenaza implícita de que cualquier problema se resuelve entre las partes involucradas, de la forma que acuerden.
Porque los conflictos en Pasomuerto no se llevan a un tribunal. Se llevan a la mesa o a la calle. Un duelo puede resolverse en una partida de poker, a balazos al amanecer, en una carrera, en un pulso o en cualquier otra cosa que los implicados consideren suficientemente definitiva. Lo importante no es el método sino que el asunto quede zanjado. La región tiene una tolerancia cultural casi infinita hacia la forma del conflicto, y una tolerancia casi nula hacia el que no sabe cerrarlo.
A pesar de todo esto, o quizás gracias a ello, Pasomuerto tiene una vitalidad que sorprende a todo foráneo que llega esperando desolación. Sus cantinas son ruidosas y acogedoras, su música es de las más reconocibles de Vaelthar, y su gastronomía tiene una reputación que ningún visitante termina de entender hasta que prueba el primer plato. Charros, mariachis, relojeros, granjeros, cantineros, cazarrecompensas y mercaderes de todo tipo comparten calles de tierra con una naturalidad que solo da el hecho de haber construido algo juntos en medio de la nada.
Pasomuerto no promete seguridad, ni justicia garantizada, ni un mañana tranquilo. Lo que ofrece es libertad en su forma más cruda y más honesta, la de un lugar donde nadie te pregunta de dónde vienes, solo qué sabes hacer y si tienes con qué pagar la siguiente ronda.
Pasomuerto
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